Audio y TV

Cancelación de ruido: qué compras de verdad cuando subes de precio

ANC, modo transparencia, multipunto, LDAC. Qué significa cada cosa, cuál notarás en el metro y cuál no vas a usar nunca.

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Imagen: Florian Fuchs · CC BY-SA 3.0 · fuente

Lo que de verdad cambia al subir de precio

Entre unos auriculares de 80 € y unos de 350 € la diferencia no suele estar en que suenen el doble de bien. Está en tres cosas concretas: cuánto ruido grave eliminan, lo cómodos que siguen siendo a las tres horas, y si el micrófono te hace audible en una llamada con viento.

La cancelación es la más fácil de notar y la más fácil de exagerar en una ficha técnica. Ningún auricular «elimina el ruido»: reduce mucho el zumbido constante y bastante poco las voces. Si lo que quieres es no oír a un compañero hablando, la cancelación no es la solución.

Multipunto: la función aburrida que más se usa

Poder estar conectado al móvil y al portátil a la vez suena a detalle menor hasta que lo tienes. Es la diferencia entre contestar una llamada sin tocar nada y pasar treinta segundos en el menú de Bluetooth cada vez.

No todos los modelos lo llevan, y algunos lo desactivan cuando usas el códec de más calidad. Merece la pena mirarlo antes que el número de micrófonos.

Códecs: menos importante de lo que parece

LDAC, aptX y AAC son formas de comprimir el audio que viaja por Bluetooth. La regla práctica: el códec sólo se usa si lo soportan el auricular y el móvil. Un auricular con LDAC conectado a un iPhone no usa LDAC.

En escucha normal, con ruido alrededor y música en streaming, la diferencia audible entre códecs es pequeña comparada con la que provoca un mal ajuste de las almohadillas. Antes de pagar por un códec, comprueba que el modelo te encaja bien en la cabeza.

El viento, el enemigo que nadie menciona

Casi todos los sistemas de cancelación convierten una brisa moderada en un rugido grave dentro del oído. Pasa porque los micrófonos exteriores captan la turbulencia del aire como si fuera ruido y el auricular intenta cancelarlo.

Los modelos buenos detectan el viento y bajan o desactivan la cancelación solos. Los malos te obligan a hacerlo a mano cada vez. Si sales a andar o a correr, esto importa más que cualquier cifra de la caja.

Cancelar no es lo mismo que subir el volumen

El argumento de salud que casi nunca se hace: en un vagón de metro con setenta u ochenta decibelios de fondo, la gente sube la música hasta tapar el ruido. Ahí es donde se hace el daño auditivo, no escuchando fuerte en el salón.

Un auricular que baja el ruido ambiente te deja escuchar cómodamente mucho más bajo. Visto así, la cancelación no es un lujo: es lo que separa escuchar a volumen razonable de escuchar a volumen peligroso una hora al día durante años.

Lo que no sale en la caja

La presión que ejercen sobre la cabeza decide si podrás llevarlos una jornada entera; es lo primero que se nota y lo último que aparece en una ficha. El viento es la otra debilidad clásica: casi todos los sistemas de cancelación lo convierten en un rugido, y por eso muchos modelos permiten desactivarla.

Y las almohadillas se gastan. Antes de comprar, mira si el fabricante las vende sueltas: unos auriculares de 300 € cuya almohadilla no se puede reemplazar tienen fecha de caducidad.