Tu tele LG puede estar escuchando con la pantalla apagada
Una investigación encuentra micrófono grabando en reposo, escaneo de la red de casa y subida de lo guardado al reconectar. Cómo comprobarlo y qué apagar.
Qué se ha encontrado
La investigación describe tres comportamientos distintos y conviene separarlos, porque no son igual de graves. El primero es el ACR, el reconocimiento automático de contenido, que lleva años siendo el modelo de negocio de los televisores conectados y que se acepta, muchas veces sin leerlo, al configurar el aparato por primera vez.
El segundo es el escaneo de la red doméstica. Las capturas de tráfico muestran al televisor recorriendo la red de casa e identificando qué más hay conectado: móviles, relojes, ordenadores. Además recoge los nombres y la potencia de las redes wifi vecinas, que es una forma bastante precisa de saber dónde estás aunque nunca le hayas dado tu dirección.
El tercero es el que cambia la conversación: audio de micrófono registrado con la pantalla aparentemente apagada. Cuando los investigadores desconectaron el cable de red, el televisor siguió guardando ese audio en local; al recuperar la conexión, subió lo almacenado. Un aparato en reposo que acumula sonido para mandarlo cuando puede es otra categoría de problema.
Qué es el ACR, en cristiano
El reconocimiento automático de contenido funciona como el Shazam de las canciones, pero con lo que sale en tu pantalla. El televisor toma muestras de imagen y sonido cada pocos segundos, las convierte en una huella digital y la compara con una base de datos para saber qué estás viendo.
Lo importante es que no distingue la fuente. Da igual que veas una plataforma de streaming, la televisión en abierto, una consola conectada por HDMI o un pendrive con tus vídeos: el ACR lo lee todo porque lee la pantalla, no la señal.
Con eso se construye un perfil publicitario que luego se vende. En el caso de LG, esos datos alimentan LG Ad Solutions, su propia división de publicidad. No es un efecto secundario: es la razón de que exista la función.
Esto ya pasó, y ya hubo multa
En febrero de 2017, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y el estado de Nueva Jersey multaron a Vizio con 2,2 millones de dólares por exactamente esto. La empresa había instalado software de ACR activado por defecto en once millones de televisores, y lo había añadido por actualización remota a aparatos ya vendidos.
El detalle que da la medida de la escala: Vizio rastreaba lo que se veía segundo a segundo y recogía más de cien mil millones de datos al día. La resolución obligó a pedir consentimiento expreso, a borrar lo recopilado antes de marzo de 2016 y a montar un programa de privacidad con auditorías periódicas.
Aquel caso sentó un criterio que sigue vigente: el historial de lo que ves en casa es un dato sensible y necesita un sí explícito, no un silencio. Nueve años después, la discusión es la misma con otra marca.
Y en España, ¿qué dice la ley?
El marco europeo es más exigente que el estadounidense, no menos. El RGPD exige una base legal para tratar datos personales, y el consentimiento sólo vale si es libre, específico, informado e inequívoco. Un ajuste activado de fábrica dentro de un menú que nadie abre no cumple ninguna de esas cuatro condiciones.
El artículo 22.2 de la LSSI-CE añade otra capa para cualquier almacenamiento o acceso a información en el dispositivo del usuario: hace falta consentimiento previo. Ese artículo es el que obliga a los banners de cookies, y un televisor es un dispositivo como cualquier otro.
Si detectas algo así en tu aparato, la vía es la Agencia Española de Protección de Datos. Y conviene guardar capturas de los ajustes antes de tocarlos.
Por qué pasa esto en todas las marcas
Un televisor de 55 pulgadas se vende hoy por menos de lo que costaba uno de 40 hace diez años. Ese margen no sale del panel, que es la parte cara: sale de los datos y de la publicidad que se sirve en la pantalla de inicio.
Los fabricantes lo dicen abiertamente en sus resultados. La venta del aparato es cada vez más el coste de adquisición de un cliente al que se le monetiza después, durante los siete u ocho años que ese televisor esté colgado en el salón.
Por eso esto no es un problema de LG, aunque el estudio mire a LG. Es el modelo de negocio del sector entero, y la diferencia entre fabricantes está en cuánto te dejan desactivar y cuánto te lo esconden.
Qué puedes hacer hoy
Busca en los ajustes el apartado de privacidad o de acuerdos de usuario y revoca todo lo que hable de publicidad personalizada, recomendaciones, «mejora del servicio» o análisis de uso. El ACR casi nunca aparece con ese nombre: en LG suele ir como Live Plus, en Samsung como Servicios de personalización, en otras marcas como Viewing Information Services.
Si el televisor tiene micrófono y no usas el asistente de voz, desactívalo en los ajustes. En los modelos con mando por voz normalmente puedes apagar el micrófono del propio televisor sin perder el del mando, que sólo escucha cuando pulsas.
Revisa los ajustes después de cada actualización grande del sistema. Es habitual que una actualización reactive opciones o introduzca nuevas con el valor por defecto puesto en sí.
Y la opción que más gente descarta y mejor funciona: no conectar el televisor a internet. Un reproductor externo barato hace de smart TV, se actualiza mejor durante más años y lo puedes cambiar por veinte euros sin tirar un panel que funciona perfectamente.
Lo que no sabemos
Si el comportamiento se repite en todos los modelos y regiones o depende de la configuración que aceptó cada usuario al encenderlo por primera vez. LG no ha publicado una explicación técnica.
Tampoco si el audio capturado se procesaba, se descartaba o se conservaba, ni durante cuánto tiempo. Es la diferencia entre un servicio mal apagado y algo peor, y sin respuesta del fabricante no se puede afirmar cuál de las dos cosas es.
Para quien tiene el televisor en el salón, mientras tanto, el efecto práctico es el mismo.